
Por Pedro Almodóvar
SINOPSIS.
Tres generaciones de mujeres sobreviven al viento solano,
al fuego, a la locura, a la superstición e incluso a la muerte
a base de bondad, mentiras y una vitalidad sin límites.
Ellas son Raimunda (Penélope Cruz),
casada con un obrero en paro y una hija adolescente
(Yohana Cobo). Sole (Lola
Dueñas), su hermana, se gana la vida como peluquera.
Y la madre de ambas, muerta en un incendio, junto a su marido
(Carmen Maura). Este personaje se aparece primero a su
hermana (Chus Lampreave)
y después a Sole, aunque con quien dejó
importantes asuntos pendientes fue con Raimunda y con
su vecina del pueblo, Agustina (Blanca
Portillo).
"Volver" no es
una comedia surrealista, aunque en ocasiones lo parezca. Vivos y muertos
conviven sin estridencias, provocando situaciones hilarantes o de una
emoción intensa y genuina. Es una película sobre la cultura
de la muerte en mi Mancha natal. Mis paisanos la viven con una naturalidad
admirable. El modo en que los muertos continúan presentes en sus
vidas, la riqueza y humanidad de sus ritos hace que los muertos no mueran
nunca.
“Volver” destruye
los tópicos de la España negra y propone una España
tan real como opuesta. Una España blanca, espontánea, divertida,
intrépida, solidaria y justa.
RODAJE.
Lo más difícil de
“Volver” ha sido escribir su sinopsis.
Mis películas cada vez son más difíciles de contar
y de resumir en pocas líneas. Afortunadamente esta dificultad no
se ha reflejado en el trabajo de los actores, ni del resto del equipo.
El rodaje de "Volver"
ha ido como la seda.
Supongo que lo he disfrutado más porque el último (“La
mala educación”) fue un absoluto infierno. Me había
olvidado de lo que era rodar sin tener la sensación de estar continuamente
al borde del abismo. Esto no significa que “Volver”
sea mejor que mi anterior película, (de hecho estoy muy
orgulloso de haber rodado “La mala educación”)
sólo que esta vez he sufrido menos. De hecho, no he sufrido nada.
De todos modos, “La mala educación” me
confirmó algo esencial (que ya había descubierto antes,
en Matador y Carne Trémula):
que no hay que tirar nunca la toalla. Aunque estés convencido de
que tu trabajo sea un desastre hay que seguir luchando por cada plano,
cada repetición, cada mirada, cada silencio, cada lágrima.
No hay que perder un ápice de entusiasmo aunque uno esté
desesperado. El paso del tiempo te da otra perspectiva y a veces las cosas
no eran tan malas como uno creía.
CONFESIÓN.
“Volver” es
un título que incluye varias vueltas, para mí. He vuelto,
un poco más, a la comedia. He vuelto al universo femenino, a La
Mancha (sin duda es mi película más estrictamente manchega,
el lenguaje, las costumbres, los patios, la sobriedad de las fachadas,
las calles empedradas). He vuelto a trabajar con Carmen
Maura (hace diecisiete años que no lo hacíamos),
con Penélope Cruz, Lola Dueñas
y Chus Lampreave. He vuelto a la maternidad, como origen
de la vida y de la ficción. Y naturalmente, he vuelto a mi madre.
"Volver" a La
Mancha es siempre volver al seno materno.
Durante la escritura del guión y el rodaje mi madre ha estado siempre
presente y muy cerca. No sé si la película es buena (no
soy yo quién debe decirlo), pero sí estoy seguro de que
me ha sentado muy bien hacerla.
Tengo la impresión, y espero que no sea un sentimiento pasajero,
de que he conseguido encajar una pieza, (cuyo desajuste, a lo largo de
mi vida me ha provocado mucho dolor y mucha ansiedad, diría incluso
que en los últimos años había deteriorado mi existencia,
dramatizándola más de la cuenta). La pieza a la que me refiero
es “la muerte”
(no sólo la mía y la de mis seres queridos) sino la desaparición
implacable de todo lo que está vivo. Nunca lo he aceptado, ni lo
he entendido. Y eso te pone en una situación angustiosa ante el
cada vez más rápido paso del tiempo.
La principal vuelta de “Volver”
es la del fantasma de una madre, que se aparece a sus hijas. En mi pueblo
estas cosas pasan, (me he criado oyendo historias de aparecidos), sin
embargo yo no creo en las apariciones. Sólo cuando le ocurren a
los demás, o cuando ocurren en la ficción. Y esta ficción,
la de mi película (y aquí viene mi confesión) ha
provocado en mí una serenidad como hace tiempo no sentía
(realmente, serenidad es un término cuyo significado es un misterio
para mí).
En los años que llevo de vida, nunca he sido una persona serena,
(ni me ha importado lo más mínimo) mi innata inquietud junto
a una galopante insatisfacción me han servido generalmente de estímulo.
Ha sido en los últimos años, en los que mi vida se ha ido
deteriorando, consumida por una terrible ansiedad. Y eso no era bueno
ni para vivir, ni para trabajar. Para dirigir una película es más
importante tener paciencia que talento. Y yo, hace tiempo que había
perdido toda la paciencia, en especial, para con las cosas triviales que
son las que más paciencia demandan. Esto no quiere decir que me
haya vuelto menos perfeccionista o más complaciente, en absoluto.
Pero creo que con " Volver"
he recuperado parte de la “paciencia”,
palabra que naturalmente entraña muchas otras cosas.
Tengo la impresión de que, a través de esta película,
he pasado un duelo que necesitaba, un duelo indoloro (como el del personaje
de la Vecina Agustina). He llenado un vacío, me
he despedido de algo (¿mi juventud?) que aún no había
despedido y necesitaba hacerlo, no sé. No hay nada paranormal en
todo esto. No se me ha aparecido mi madre, aunque como he dicho he sentido
su presencia más cerca que nunca.
"Volver" es un
homenaje a los ritos sociales que viven las gentes de mi pueblo en relación
con la muerte y con los muertos. Los muertos
no mueren nunca. Siempre he admirado y envidiado la naturalidad
con que mis paisanos hablan de los muertos, cultivan su memoria y asisten
sus tumbas perennemente. Como en la película, el personaje de Agustina,
muchos de ellos cuidan su propia tumba durante años, en
vida. Tengo la optimista sensación de que me he impregnado de todo
esto, y algo se me ha pegado.
Nunca acepté la muerte, nunca la he entendido (ya lo he dicho).
Por primera vez, creo que puedo mirarla sin miedo, aunque siga sin entenderla
ni aceptarla. Empiezo a hacerme a la idea de que existe.
A pesar de mi condición de no creyente, he intentado traer al personaje
(de Carmen Maura) del más
allá. Y la he hecho hablar del cielo, el infierno y del purgatorio.
Y, no soy el primero en descubrirlo, el más allá está
aquí. El más allá está en el más acá.
El infierno, el cielo o el purgatorio somos
nosotros, están dentro de nosotros, ya lo dijo
Sartre mejor que yo.
EL RÍO.
Los recuerdos más alegres de mi infancia están
relacionados con el río.
Mi madre me llevaba con ella cuando iba a lavar porque era muy pequeño
y no tenía con quién dejarme. Siempre había varias
mujeres lavando y tendiendo la ropa sobre la hierba. Yo me situaba cerca
de mi madre y metía la mano en el agua tratando de acariciar los
peces que acudían a la llamada del casualmente ecológico
jabón que usaban las mujeres de la época, fabricado por
ellas mismas.
El río, los ríos, siempre eran una fiesta. Fue también
en las aguas de un río donde descubrí unos años más
tarde la sensualidad.
Sin duda, el río es lo que más añoro de mi infancia
y pubertad.
Mientras lavaban, las mujeres cantaban. Siempre me han gustado los coros
femeninos. Mi madre cantaba una canción sobre unas espigadoras
que recibían la aurora trabajando en el campo y cantando como alegres
pajarillos. Le canté los fragmentos que recordaba al músico
de “Volver”,
mi fiel Alberto Iglesias y me descubrió que era un tema de la zarzuela
“La rosa del azafrán”.
En mi incultura, nunca hubiera imaginado que aquella música
celestial fuera una zarzuela. De esta manera, el tema ha pasado a ser
la música que acompaña los primeros títulos de crédito.
En “Volver” Raimunda
busca un lugar para enterrar a su marido y decide hacerlo a la orilla
del río en el que se conocieron de niños.
El río, como los gráficos de cualquier transporte, como
los túneles o los pasillos interminables, es una de tantas metáforas
del tiempo.
GÉNERO Y TONO.
Supongo que “Volver”
es una comedia dramática. Tiene secuencias divertidas
y secuencias dramáticas. Su tono imita a
“la vida misma”, pero no es costumbrista.
Más bien es de un naturalismo surreal,
si eso fuera posible. Siempre he mezclado los géneros y sigo haciéndolo.
Para mí es algo natural.
El hecho de incluir en el argumento un fantasma es un elemento básicamente
cómico, en especial si lo tratas de un modo realista. Todos los
intentos de Sole por ocultarlo a su hermana, o el modo
de presentarlo a las clientas provoca escenas muy cómicas.
Aunque lo ocurrido en casa de Raimunda (la muerte del
marido) es algo atroz, el modo en que ella lucha para que nadie se entere
y la manera en que intenta desembarazarse de él también
crea situaciones de comedia.
Aunque la mezcla de géneros sea natural en mí, eso no significa
que no esté exento de riesgos (lo grotesco y el grand guiñol
son siempre una amenaza). Cuando uno se mueve entre géneros, y
atraviesa tonos opuestos en cuestión de segundos, lo mejor es adoptar
una interpretación naturalista que consiga hacer verosímil
la situación más disparatada. La única arma con la
que cuentas, además de una puesta en escena realista, son los actores.
Las actrices, en este caso. He tenido la suerte de que todas estén
en continuo estado de gracia.
El gran espectáculo de “Volver”
son ellas.

FAMILIA.
"Volver"
es una película sobre la familia, y hecha en familia. Mis propias
hermanas han sido las asesoras tanto de lo que ocurría en La Mancha,
como en el interior de las casas de Madrid (la peluquería, las
comidas, artículos de limpieza, etc).
Aunque con mayor fortuna, mi familia, como la de Sole y Raimunda, es una
familia trashumante que vino del pueblo a la gran ciudad en busca de prosperidad.
Afortunadamente mis hermanas han seguido cultivando la cultura de nuestra
infancia, y conservan intacta la herencia recibida por mi madre. Yo me
independicé muy pronto y me convertí en urbanita impenitente.
Cuando vuelvo a los usos y costumbres manchegos ellas son mis guías.
La familia de “Volver” es
una familia de mujeres. La Abuela aparecida es Carmen
Maura, sus dos hijas, Lola
Dueñas y Penélope Cruz. Yohana Cobo la nieta,
y Chus Lampreave, la Tía
Paula, que sigue viviendo en el pueblo. A este grupo habría que
añadir a la Agustina, la vecina del pueblo (Blanca Portillo), la
que conoce muchos de los secretos de la familia, la que tiene tantas cosas
oídas, la que nada más levantarse le toca a la Tía
Paula en la ventana y hasta que no la oye no ceja, la que le trae cada
día su buena barra de pan, la que la descubre muerta y llama a
Sole a Madrid. La que abre su casa al cadáver para velarlo como
Dios manda mientras llegan sus sobrinas. La que convierte el duelo de
la vecina en el duelo de su propia madre, desaparecida hace años,
no sabe dónde. El personaje de Agustina se integra por derecho
propio en la familia que encabeza Carmen
Maura.
Agustina representa un elemento muy importante en este universo femenino:
la solidaridad de las vecinas. Las mujeres del pueblo se reparten los
problemas, los comparten. Y consiguen que la vida sea mucho más
llevadera. También ocurre lo contrario, (el vecino que odia al
vecino y almacena su odio de generación en generación hasta
que un día explota la tragedia sin que ellos mismos sepan porqué).
Yo sólo he prestado atención a la parte positiva de la España
Profunda, que es la que yo he experimentado de niño. De hecho,
"Volver" rinde
homenaje a la vecina solidaria, esa mujer soltera o viuda, que vive sola
y hace de la vida de la anciana de al lado su propia vida. Mi madre vivió
gran parte de sus últimos años asistida por sus vecinas
más próximas.
En esas mujeres está inspirada Agustina, de la cual hace una creación
soberbia Blanca Portillo. Para
mí es la auténtica revelación, porque no la conocía.
Sólo la había visto en una función de teatro y me
gustó, pero no podía imaginarme que sin casi experiencia
cinematográfica fuera una actriz tan precisa, tan rotunda, tan
desbordante en su contención. Agustina, sola en la calle vacía,
mirando cómo desaparece el coche de Sole, es la imagen de la soledad
rural, despojada de todo adorno.
Blanca ha absorbido la esencia de todas las buenas vecinas de mi pueblo
y la ha hecho suya.
LA FUERZA Y LA FRAGILIDAD DE PENÉLOPE CRUZ.
Y su belleza. Penélope
se encuentra en el esplendor de su belleza, es una frase hecha pero en
su caso es verdad. (Esos ojos, el cuello, los hombros, los pechos! Penélope
posee uno de los escotes más espectaculares del cine mundial).
Mirarla ha sido uno de los grandes gozos de este rodaje. A pesar de que
se ha estilizado en los últimos años, Penélope
demostró (desde su debut en “Jamón, jamón”)
tener más garra en los personajes de plebeya que de superfina.
Hace siete u ocho años, en “Carne trémula”,
interpretaba a una putilla cateta que se pone de parto y da a
luz en un autobús. Eran los primeros ocho minutos de la película
y Penélope devoraba
literalmente la pantalla.
Su Raimunda en “Volver”
pertenece a la misma estirpe que el personaje de
Carmen Maura en “Qué hecho yo para
merecer esto?!”, una fuerza de la naturaleza que no se
arredra ante nada. Cuando se pone, Penélope
posee esa energía arrolladora, pero Raimunda también es
una mujer frágil, muy frágil. Puede (y debe, por guión)
estar furiosa y al instante derrumbarse como una niña indefensa.
Esta desarmante vulnerabilidad es lo que más me ha sorprendido
de Penélope-actriz, y la rapidez con que puede conectar con ella.
No hay un espectáculo más impresionante que contemplar en
el mismo plano cómo unos ojos secos y amenazadores de pronto empiezan
a llenarse de lágrimas, lágrimas que a veces desbordan los
párpados como un torrente, o como en algunas secuencias, sólo
los inundan sin desbordarlos nunca. Ser testigo de ese equilibrio en el
desequilibrio ha sido apasionante.
Penélope Cruz es
una actriz de rompe y rasga, pero es la mezcla con esta emotividad tan
fulminante lo que la hace imprescindible en “Volver”.
Ha sido un placer vestir, peinar y maquillar al personaje y a la persona.
El cuerpo de Penélope ennoblece
todo lo que le pones. Nos decidimos por las faldas estrechas y la rebecas
porque son prendas clásicas, muy femeninas y populares en cualquier
década, desde los 50 al 2000. Y, también hay que decirlo,
porque nos recordaban a Sophia Loren, en sus inicios
de pescadera napolitana. Los maravillosos despeinados hay que agradecérselos
al peluquero Massimo Gattabrusi y el maquillaje a Ana Lozano. El rabillo
del ojo fue un hallazgo. Sólo hay un elemento falso en el cuerpo
de Raimunda, el culo. Estos personajes son siempre mujeres culonas y Penélope
está demasiado estilizada. El resto es todo corazón, emoción,
talento, verdad, y un rostro al que la cámara adora. Como yo.
LA VUELTA DE CARMEN.
No imaginaba que había tanta expectación por
nuestro reencuentro. Me sorprende la cantidad de gente que me ha dicho
lo contentos que estaban porque Carmen
y yo volviéramos a trabajar juntos! Dice una canción de
Chavela: “uno vuelve siempre a los
viejos sitios donde amó la vida”. Esto se
puede aplicar también a las personas.
Siempre existe la incertidumbre, pero afortunadamente la de Carmen
se despejó en los primeros trabajos de mesa.
En el guión de “Volver”
hay una larga secuencia, casi un monólogo, porque sólo habla
el personaje de Carmen,
la abuela fantasma. En dicha secuencia Carmen
explica a su hija del alma, Penélope
Cruz, las razones de su muerte y las de su vuelta, a lo
largo de seis intensas páginas y seis no menos intensos planos.
Esta secuencia es una de las razones por las que yo quería rodar
la película. He llorado todas y cada una de las veces que he corregido
el texto (como el personaje que interpretaba Kathleen Turner en “Tras
el corazón verde”, una ridícula escritora
de novelas rosa, muy kitch, que lloraba mientras escribía).
La noche que la rodábamos todo el equipo era consciente de su importancia.
Había mucha expectación. Esto ponía un poco nerviosa
a Carmen que quería
abordarla cuanto antes.
Empleamos toda una noche en rodarla, y desde el meritorio hasta yo mismo
teníamos esa extrema concentración ante las escenas difíciles
que justo por ello se convierten en las escenas más fáciles,
porque todos damos lo máximo de nosotros mismos.
De nuevo volví a sentir esa complicidad sagrada con Carmen,
esa maravillosa sensación de estar ante un instrumento perfectamente
afinado para mis manos. Todas las tomas fueron buenas, y muchas de ellas
extraordinarias. Penélope
la escucha, a veces con la cabeza baja. En esta película se habla
mucho, se oculta mucho y para ser una comedia (eso dice el equipo) se
llora mucho.
Desde “Mujeres...” hasta el monólogo
de "Volver” Carmen
no ha cambiado como actriz, y descubrirlo ha sido maravilloso.
No ha aprendido nada porque ya lo sabía todo, pero mantener ese
fuego intacto a lo largo de dos décadas es una tarea admirable
y difícil que no podría decir de todos los actores con los
que he trabajado.
REPARTO.
El resto del reparto ha estado a la altura de sus compañeras.
Lola Dueñas probablemente hace uno de sus trabajos
más complejos. Es la más excéntrica de las cuatro
mujeres de su familia. Lola se
preocupó personalmente de dominar el complicado acento manchego.
Aprendió los secretos del oficio de peluquera y ha desarrollado
una vis cómica inédita en ella. Es intensa, auténtica
y rara, en el mejor sentido del término.
Otra de las bendiciones de este rodaje, es que todas las chicas vivían
y trabajaban muy unidas, tenían una maravillosa relación,
como de familia. Y eso el objetivo también lo capta.
Me emociona mucho la interpretación de la joven Yohana
Cobo. Está presente en casi todas las secuencias
pero como testigo. Hace una de las cosas más complicadas de actuar
que es oír y estar presente. Y que su presencia sea elocuente casi
sin hacer nada. Pero el trabajo de Yohana
es consciente, sutil y muy rico. Además de “sus”
secuencias, su monólogo ante el padre muerto... etc., el resto,
siempre pegada a la madre, entendiéndola sin saber qué le
sucede, me provoca mucha ternura. Además tiene una mirada abrasiva.
Ojalá le vaya muy bien.
Chus Lampreave, María Isabel Díaz,
Neus Sanz, Pepa Aniorte y Yolanda
Ramos completan el reparto, además
de Antonio de la Torre, Carlos Blanco y
Leandro Rivera.
José Luis Alcaine,
en la fotografía, Alberto Iglesias
en la música y Pepe
Salcedo en el montaje, han sintonizado una vez más
con mis secretas intenciones, cada uno en sus respectivos campos.
CARTAS DE JUAN JOSÉ MILLÁS Y GUSTAVO MARTÍN GARZO.
A la mayoría de los escritores que conozco les interesa
mucho el cine. Alguno de ellos son amigos míos. Lola, mi
ayudante, les mandó el guión de “Volver”
a Juan José Millás
y a Gustavo Martín Garzo.
Éstas fueron sus respuestas, palabras que nunca pensaron que yo
utilizaría parasitariamente en este pressbook (Pedro
Almodóvar).
• Juan José Millás
A Lola García
Asunto: "Volver"
Querida Lola, leí el guión en un suspiro.
El hiperrealismo de las primeras escenas te coloca en una situación
de enorme tensión emocional. A la pintura hiperrealista se le ha
dado este nombre porque no sabían en qué se diferenciaba
exactamente de la realista. En este país hemos confundido desde
siempre el realismo con el costumbrismo. La pintura flamenca es hiperrealista
porque es fantástica, porque nos coloca en una dimensión
de la realidad que nos permite extrañarnos de las situaciones más
cotidianas. Una vez que Pedro nos ha colocado en esa situación
del principio, que se resuelve con la aparición del fantasma en
el maletero del coche, puede hacer lo que quiera con el espectador. Y
lo hace. “Volver” es un juego de manos narrativo permanente,
un artefacto prodigioso. Y nunca sabes dónde está el truco.
No hay en este guión frontera que Pedro no se haya atrevido a traspasar.
Se mueve en la línea que separa la vida de la muerte como un funambulista
en un alambre. Mezcla materiales narrativos de procedencias aparentemente
incompatibles con una naturalidad pasmosa. Y cuantos más materiales
añade, mayor es la lógica interna del relato...
P.D. No podía evitar, mientras leía “Volver”,
evocar la lectura de Pedro Páramo. No tiene nada que ver la novela
de Rulfo con el guión de Pedro, excepto en la naturalidad con la
que ambos logran que convivan los muertos con los vivos; lo real con lo
irreal; lo fantástico con lo cotidiano; lo imaginado con lo vivido;
el sueño con la vigilia. Durante la lectura del guión, como
durante la lectura de la novela de Rulfo, el lector tiene una sensación
onírica permanente. Está despierto, desde luego, pero atrapado
en un sueño, que es el relato que tiene entre manos. Lo curioso
es que la novela de Rulfo es furiosamente mejicana del mismo modo que
el guión de Pedro es furiosamente manchego...
• Gustavo Martín Garzo
Querido Pedro:
El guión de tu nueva película me ha gustado
mucho. Todo en él me resulta muy familiar, muy tuyo. Me recuerda
al mundo de “Qué he hecho yo para merecer esto?!”
Pero es menos barroco, hay en él una transparencia que nos sitúa
de nuevo en ese mismo mundo, como no podría ser de otra manera,
pero de una forma distinta, más poética, más sabia,
más conmovedora. Es maravillosa esa mezcla de horror y de felicidad.
Como si tus personajes supieran encontrar en medio del infierno, como
quería Calvino, aquello que no es infierno, y se las arreglaran
siempre para hacerlo durar en sus vidas. Esa mezcla tan tuya de candor
y perversidad, que hace graciosas las cosas más tremendas y acierta
a encontrar la belleza y la esperanza donde parece que no pueden existir,
me parece una de las cosas más maravillosas de tu cine.
Tu guión me ha recordado una historia que Tolstoi cuenta en algún
lugar. Un pater visita uno de sus monasterios perdidos en las islas griegas
y se encuentra con cuatro monjes. Descubre que no saben el Padre Nuestro
y escandalizado se lo enseña. Luego se despide de ellos. Ya está
lejos de la costa cuando ve algo que se desliza veloz hacia su barca.
Se fija más y enseguida comprueba que son los monjes que acaba
de visitar. Y que vienen corriendo sobre el agua! Cuando le alcanzan le
dicen que han olvidado la oración que acaba de enseñarles,
y si se la puede repetir. Y el pater contesta conmovido que no tienen
que recordarla, que ellos no la necesitan.
Así me parecen los personajes de tu película. Vienen a nosotros
a pedirnos socorro, vulnerables y perdidos, pero lo hacen corriendo sobre
las aguas. Ellos no se dan cuenta, pero es ese el extraño y maravilloso
camino que siguen para llegar a nosotros. Y entonces, ¿qué
podemos decirles? Que no importa lo que les pasa, lo que sufren, las cosas
extrañas y terribles que les suceden, que nosotros no somos nadie
para juzgarles. Aún más, que son ellos los que podrían
juzgarnos a nosotros, aunque sabemos que no lo harán nunca, porque
ellos no están obsesionados por la justicia sino por el amor. Y
que lo mejor que pueden hacer es seguir siendo como son.
Así veo este guión, como un cuento. En los cuentos hay cosas
terribles: descuartizamientos, padres que quieren acostarse con sus hijas
adolescentes, niños que son abandonados en el bosque, criaturas
feroces que devoran carne humana... todo lo más extremo cabe en
ellos, y sin embargo, al lado de ese horror, siempre aparece eso tan raro
que llamamos inocencia. Es muy difícil de definir lo que es pero
nada más fácil de identificar cuando aparece. Creo que el
arte está para perseguir esa inocencia, que suele aparecer en los
parajes más oscuros...
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